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Alain Touraine: "Los franceses no vieron venir nada"

mar, 20-may-08
09:55
Antiguedad: 50 dias
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Categoría: OPINION, Análisis, + frontpage

Por Mathilde Gerard


El filósofo dice que a los franceses no les interesan los conflictos

sociales y que el 68 implicó la invasión de la cultura en la política. Se perdió el optimismo de entonces, se lamenta.


Alain Touraine


Tenía 43 años y llevaba unos meses dirigiendo el departamento de
sociología de la Universidad de Nanterre cuando estalló, en ese mismo
campus, una revuelta que condujo al país a la huelga más importante de
su historia y a cambios sociales fundamentales.

Alain Touraine no fue sorprendido por los hechos. "En el otoño de
1967, ya habíamos tenido una huelga en el departamento de sociología.
Era una historia poco interesante de contabilidad de las materias,
pero prefiguraba el deseo de cambios. " En febrero de 1968, Touraine
escribió dos artículos en el diario Le Monde, explicando por qué
pensaba que las universidades iban a estallar. "Mucha gente me acusó
de ser lunático, idiota", explica Touraine. La idea dominante entonces
era que "Francia se aburría", según otro artículo famoso publicado en
Le Monde en marzo.

"El país no vio venir nada, porque los franceses no suelen interesarse
por los conflictos sociales", dice el sociólogo. "A principios de
1968, la gente prefería leer sobre los casamientos reales que sobre
los trastornos de la sociedad". Como profesor en Nanterre, Touraine
estaba en el puesto ideal para entender la ira de los estudiantes. "La
universidad estaba mal comunicada, entonces la gente se quedaba todo
el día en el campus y al mediodía, los profesores almorzaban con los
estudiantes. Me encontraba a menudo con Daniel Cohn-Bendit, que
también venía a mi seminario. Había una proximidad que no ha existido
en otras universidades. "

Cuarenta años después, los hechos de Mayo del 68 siguen provocando
reacciones extremas, de rechazo o fascinación. ¿Cómo lo explica?

A mí no me interesa que la gente esté a favor o en contra de Mayo de
1968. Es un hecho complejo, que no se puede reducir a un debate de
pros y contras. Cuando el presidente Nicolas Sarkozy dijo, durante la
campaña electoral, que quería "liquidar" el espíritu del 68, no
entendí su juicio. Según su lógica, es culpa del 68 si los franceses
son perezosos y no quieren trabajar... No tiene sentido. Que no
perdamos nuestro tiempo con esto y que estudiemos estos fenómenos
conectados con el tiempo presente. Para entender 1968, hay que empezar
por el final, o sea, hoy. La dificultad es enorme. Como suele suceder
en la historia, los ciudadanos –en este caso, los estudiantes– dieron
pasos gigantescos para la sociedad, pero con un lenguaje y una
ideología de otro tiempo. Los estudiantes de 1968 hacían el mundo de
2000, con el vocabulario marxista y obrerista de 1900. Todo el mundo
pensaba que la huelga estudiantil era solamente un modo de
desencadenar una gran huelga obrera, la cual iniciaría a su vez un
movimiento revolucionario. Al final, casi todo el mundo olvidó la
huelga obrera, que no consiguió muchos resultados, mientras la acción
de los estudiantes desquició la sociedad francesa.

En 1968 se manifestó la voluntad de superar las fronteras sociales,
enviando a los estudiantes a las fábricas, haciendo que la gente que
normalmente no se comunicaba pudiera hacerlo. Hoy, no solamente no han
caído las barreras sociales sino que se han erigido nuevas,
urbanísticas, entre otras. ¿Qué falló?

Esto era la vieja ideología, que consistía en decir que la clase
obrera estaba en el centro de todo. Es cierto que algunos estudiantes
fueron a establecerse en las fábricas. El caso más famoso es el de
Robert Linhart, el líder maoísta. Esta experiencia en las fábricas
resultó ser un fracaso total, porque se basaba en una imagen falsa de
la vida obrera. 1968 es un choque entre dos conceptos de la izquierda,
que siguen polemizando hoy, sin haber encontrado una respuesta. El
primer concepto corresponde a la juventud, a las minorías, a las
cuestiones culturales y sexuales. Son ideas nuevas, tan nuevas que no
tienen apoyo político, lingüístico o ideológico. Entonces se recurre
al viejo concepto de la izquierda, el de la clase obrera. En 1968,
hicieron como si estuvieran juntos pero entre los círculos obreros y
los círculos estudiantiles, las relaciones siempre fueron difíciles.
Es más, el Partido Comunista se opuso de manera violenta al movimiento
de 1968. Lo que pasó en Nanterre no era un socialismo revolucionario,
era un anarquismo. El problema de nuestra sociedad, y en particular,
el de la izquierda francesa de los últimos cincuenta años, es que
tiene que elegir entre un vocabulario que ya no corresponde con la
realidad y una realidad que todavía no tiene vocabulario. Esto es el
sentido profundo de Mayo del 68.

¿1968 cambió la manera de manifestar las reivindicaciones políticas y sociales?

Sí, diría sobre todo que 1968 cambió nuestra relación con nosotros
mismos, nuestra construcción de la vida cultural, y en particular,
nuestra relación con la sexualidad. La sexualidad se convirtió en una
categoría sumamente estructurante de nuestras conductas, mucho más que
las relaciones de trabajo por ejemplo. En Estados Unidos, en Francia y
en muchos otros países, 1968 puso al orden del día los temas de las
minorías sexuales, religiosas o étnicas, que hoy son temas
fundamentales de la vida pública.

Si hay una herencia innegable de Mayo del 68, es la capacidad de crear
un hecho mediático. La ocupación de la Sorbona y los eslóganes
provocadores siguen siendo una referencia de la protesta.

Sí, seguramente. 1968 no se podía concebir sin los medios de
comunicación modernos. El medio principal de entonces era la radio. El
punto de encuentro de los estudiantes del barrio latino era el móvil
de la Radio Luxembourg (hoy, RTL), que se encontraba a la entrada de
la calle Gay-Lussac. Con la radio Europe 1, eran los dos principales
medios que indicaban en tiempo real dónde estaba la acción. Pero
estábamos todavía en la juventud del mundo mediático. La tv aún no
había alcanzado el papel de protagonista que obtendría más tarde, sin
hablar hoy del papel de los celulares y de Internet.

¿Qué piensa de la juventud de hoy?

Los jóvenes de hoy viven en un contexto totalmente distinto. En 1968,
debían ser unos 700 mil estudiantes y hoy, son dos millones y medio.
La diferencia es enorme. La juventud hoy está convencida, y por
desgracia, con razón, que tendrá un nivel de vida inferior al nivel de
sus padres. En Francia por lo menos, esta sensación de caída es
evidente. En 1968, la sociedad vivía un periodo de auge económico,
pero a nivel de los hábitos y de las relaciones a la autoridad, estaba
retrasada. Había que abrir las puertas, romperlas. Hoy, el optimismo
del 68, o sea la voluntad de poner lo cultural al mismo nivel de
progreso social que los problemas de trabajo, se desvaneció.

1968, ¿es un principio o un final?

Es un principio. Es la invasión de la esfera política por los
problemas culturales, del mismo modo que la revolución industrial
correspondió, en 1848, a la invasión de la política por los problemas
de trabajo. En 1968, entraron problemáticas completamente nuevas en el
debate público, relacionadas a las minorías, a la inmigración, a las
reivindicaciones regionales, etcétera. El vocabulario, la
representación de los hechos y sus medios de existencia. Todo eso era
nuevo. Recuerden las serigrafías, lo que se escribía en las paredes,
lo que se cantaba. Había una gran creatividad, característica de un
movimiento naciente.


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